Termina Más que Aulas, empieza el cole.

El acceso a la casa se hace a través de una estrecha y empinada escalera, no hay ascensor. Comparten el rellano dos puertas, tras ellas está el hogar de Emilia que lleva toda la vida viviendo en el Casco Antiguo de Logroño y los padres de Raúl y Silas  que aunque no llevan tanto tiempo, han hecho de este piso de no más de 60 metros cuadrados su hogar. Los niños comparten una habitación amueblada con una de esas literas que parecen un cofre mágico por la cantidad de cajones, armarios y recovecos que pueden tener. A ellos les encanta pero no hay espacio para más.

A principios de marzo La Rioja cerró los colegios, unos días más tarde se produjo el confinamiento.  El mundo de estos niños quedo reducido al hogar familiar y las desigualdades se hicieron aún más evidentes. No hay terraza, ni jardín donde salir, tampoco disponen de ordenador con wifi para conectarse con el centro escolar. El único dispositivo es el teléfono de los padres que se queda sin datos en poco tiempo.

Pocos juguetes, mucha televisión, aburrimiento, discusiones entre hermanos, abatimiento, preocupación, temor e incertidumbre han sido los compañeros de esto niños y de muchos otros que como ellos no han podido seguir el ritmo escolar, no tenían dónde o con quien jugar, cuentos para leer, niños y niñas que han perdido a sus abuelos o han tenido algún familiar enfermo o confinado.

Los casos más graves, aquellos y aquellas que no tenían una buena situación familiar previa al confinamiento y se ha visto agravada con el estrés de la convivencia, hablamos de maltrato o violencia de género. Las estadísticas hablan por sí solas y sus cifras no nos pueden dejar indiferente.

En APIR hemos intentado estar ahí con ellas y ellos, con nuestros pequeños. Gracias a la enorme generosidad de muchos riojanos y riojanas y apoyos de empresas a las que ahora miramos con más cariño. Hemos podido llevarles cuentos, material escolar, juegos, hemos intercambiado cartas a la antigua usanza y hemos realizado videos para ellos y con ellos, que con el tiempo veremos con vergüenza y cariño.

En la salida, los hemos recibido como se merecen, con tiempo y juego, la mejor de las terapias; pero por si era poco hemos contado, pintado, escrito y estudiado sin olvidar que son vacaciones, así que no han faltado excursiones, globos de agua y risas, muchas risas.

Algunas niñas y niños han necesitado un apoyo extra para superar experiencias difíciles y para ellos hemos encontrado un tiempo y un espacio.

Ahora, se acerca la vuelta al cole en la nueva normalidad, esperamos y deseamos que todos los niños y niñas puedan hacerlo con ilusión y en condiciones adecuadas. APIR seguirá ahí detrás por si alguno se queda rezagado poder acompañarlo un tramo hasta que se reencuentre con sus compañeros.

Este proyecto lo hemos llamado Más que aulas y ha atendido a 85 niños y niñas. Gracias a todos los que lo han apoyado y lo han hecho posible.

“Los niños tienen derecho a una infancia feliz y los adultos el deber de proporcionársela”.

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