¿Cuándo te reíste por última vez?

El humor es como una caja de Alpino. Cada persona tiene su particular sentido del humor, si bien pensamos que hay quienes no lo han desarrollado, quizás no entendamos su estilo o apreciemos su color, valga la analogía usada anteriormente.

Todos, sin excepción, usamos el humor y nos gusta que la vida se llene de momentos buenos, la risa nos ayuda a fijar en nuestra memoria aquellas vivencias que son agradables y a crear una historia de vida con sentido y en plenitud. Además, y como bien hemos escuchado muchas, veces al reírnos:

– liberamos endorfinas (conocidas como hormonas de la felicidad),

– limitamos la producción de cortisol (responsable del estrés)

– y segregamos dopamina, un neurotransmisor que ayuda a agilizar los procesos de la memoria.

Dicho esto, es extraño que no exista verdadera preocupación cuando sentimos que llevamos tiempo sin reírnos. Tenemos una herramienta poderosa, sencilla, económica y a la vez sofisticada que nos permite mejorar nuestro estado de salud físico y mental.

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¿Usamos el humor de forma adecuada y con frecuencia?

A medida que nos hacemos adultos la sensación es que cada vez tenemos menos tiempo para reírnos, cada vez las preocupaciones son mayores y nuestra cabeza se llena de datos y tareas que bloquean los canales receptivos a cosas “sin importancia”. Estos días en los que nos vemos recluidos en nuestras casas son la mejor oportunidad para trabajar estos aspectos.

El humor es una seña de identidad de APIR; entre compañeros una broma es siempre bien acogida. Y también es buena herramienta de trabajo, hemos podido comprobar que con humor se accede a los aspectos más profundos del ser humano; es una llave que abre puertas sin necesidad de forzar la cerradura.

Aprendamos a reírnos y aprendamos a distinguir los diferentes colores que tiene el humor, pues cada color es una oportunidad de ver las cosas de diferente manera, de dar la trascendencia necesaria a aquello a lo que debemos enfrentarnos y a estar siempre de pie incluso cuando nos caemos.

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Los más pequeños necesitan un adulto que se ría, ellos son risueños por naturaleza y no hay cosa más bonita que compartir la risa, si de algo debemos contagiarnos dadas las circunstancias, que sea del buen humor.

Iván Santidrián

 

 

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