Cómo afectan los conflictos familiares a los menores

APIR y la Universidad de la Rioja ha celebrado un seminario sobre cómo afectan  los conflictos familiares a los menores, dos días para debatir, profundizar y sobre todo mejorar nuestro trato a la infancia en momentos en los que son especialmente sensibles.

El proceso de ruptura de una pareja se inicia mucho antes de tomar la decisión de dar por terminada la relación. El deterioro en la comunicación, la hostilidad entre los cónyuges, el estrés o la tensión son percibidos por los menores que suelen recibir la noticia de la separación más como una confirmación a sus temores que como una sorpresa. Es una experiencia dura, en las que en ocasiones enfrentan sentimientos de culpa pues no pocas discusiones se inician por el tema de la educación de los hijos. La incertidumbre es otro sentimiento que les acompaña durante un largo tiempo, ¿qué pasará?, ¿tendrá arreglo?, ¿se separarán?, ¿con quién viviré?…la lista de preguntas es interminable, el colegio, los juguetes, los amigos, los abuelos, todo un mundo partido en dos.

Las explicaciones claras, el respeto entre los padres y mantener a los hijos e hijas al margen de las negociaciones sobre bienes, custodias o pensiones ayudan a que esta experiencia resulte más llevadera. Aun así, supone un duro trance para los menores que en algunas ocasiones requiere ayuda profesional para aceptarlo o superarlo.

Si por un momento dejamos a un lado nuestra mirada adulta para recordar cómo vive una niña o niño las disputas entre los cuidadores veremos como la seguridad que debe impregnar toda su infancia se va perdiendo y con ella la posibilidad de una infancia feliz. La seguridad emocional en un pilar en el desarrollo  y en su ausencia aparecen síntomas como la ansiedad, dificultades en el sueño o la alimentación,  problemas de comportamiento y miedo a la posibilidad de ser ellos los abandonados.

Si el conflicto se enquista las consecuencias en los menores resultan traumáticas. Los factores que agravan los efectos negativos han sido estudiados profusamente: “los conflictos de pareja percibidos y sufridos por los hijos antes, durante y después de la separación, entender la separación como un fracaso, la inestabilidad emocional de los padres, los cambios en la vida cotidiana (vivienda, estilo de vida, tiempo que le dedica cada uno de los padres, etc.), la falta de colaboración de ambos en el cuidado de los hijos, la contaminación del conflicto de las relaciones con toda o parte de la familia extensa, la inadecuada explicación a los hijos, etc.” (López, 2010).

Los efectos negativos en el bienestar del menor se complican aún más si uno de los os progenitores o ambos deciden utilizarlo como medio para agredir al otro. El hijo o hija se ve en la obligación de escoger entre ellos, porque el afecto a uno excluye al otro. No resulta infrecuente que los menores cuenten que reciben mensajes muy negativos de uno de sus padres, a veces de forma explícita y otras no tan clara, gestos, actitudes y actos que menosprecian a una persona que es una parte sustancial de la vida del niño o la niña. Llegado a su extremo está el controvertido síndrome de alienación parental.

Los padres, los profesionales y la sociedad debemos preguntarnos, dónde están los límites en este tipo de separaciones, cuándo se traspasan líneas del buen trato, trato inadecuado, maltrato y qué respuesta ofrecemos para garantizar la seguridad emocional de nuestra infancia.

Existen servicios que la Administración pone al alcance de las parejas que desean separase, mediación familiar, coordinador parental, punto de encuentro… pero ante todo debe existir la responsabilidad personal de cada uno de los progenitores de anteponer el bien de sus hijos en el proceso utilizando, si fueran oportunos, los recursos que la sociedad pone a su alcance.

“La distancia entre la educación que tenemos y la que queremos se hace más corta cuando cada quien asume en su metro cuadrado lo que le corresponde.” Misle y Pereira.

Silvia Valiente

José Antonio Carballo Velasco durante su ponencia en el seminario (22/10/2020)
José Antonio Carballo Velasco (psicólogo y gerente en APIR) durante su ponencia en el seminario (22/10/2020)