Reagrupación familiar: pérdidas y reencuentros

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La migración humana es el movimiento de las personas desde un lugar hasta otro, con la intención de fijar su residencia en el destino de forma permanente o semipermanente.

Esta se traduce en un importante desarraigo de una serie de vínculos personales, culturales y sociales que ponen en juego, principalmente, a los que migran pero también a los que reciben inmigrantes.

 Al marchar, el emigrante mantiene esos vínculos que son los que estructuran su personalidad, pero a la vez tiene que adaptarse a nuevos vínculos que le exige el país de acogida. Durante esta adaptación pueden darse tensiones emocionales que se engloban en un conjunto de procesos psicológicos denominados procesos de duelo.

“Mi personalidad cambió al dejar allí al resto de mi familia y amigos”.

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La reagrupación es un proceso que se realiza en varias etapas, primero es el padre o la madre quien se traslada al otro país en busca de trabajo, una vez asentado en el nuevo país y con cierta estabilidad a nivel laboral y económico, regresan a su país de origen para traer al resto de familiares. Esto daría lugar a las migraciones escalonadas, que ofrecen una serie de oportunidades, dejando atrás problemas y limitaciones, para estructurar en el país de acogida una nueva vida.

El reagrupamiento familiar, es la forma de migración progresiva en la que uno de los progenitores emigra primero, para después reagrupar al resto de la familia.

Este proceso para los niños es una pérdida de gran impacto emocional, traducida en sentimientos de ira por no poder recuperar a los padres que se han tenido que ir. Esta pérdida la manifiestan de diferentes formas, ya sea conductualmente (agresividad, introversión) o psicomatizando (dolores físicos). Este proceso de desapego es muy largo y duro y requiere un complejo proceso de adaptación. La interrupción del vínculo lleva a una carencia afectiva y a una desestructuración. Por lo que serán muy importante los factores de protección, es decir, que el menor cuente con apoyos familiares en ausencia de sus progenitores, y no estén expuestos a negligencias, maltratos, etc., lo que agravaría  aún más la ruptura del vínculo.

Nos encontramos con un gran número de familias latinoamericanas que llevan a cabo estas migraciones.

 “Desde que emigré y dejé a mi hija en mi país, ha perdido la ilusión por ir a la escuela, ahora va por obligación”.

La separación de los padres será más tolerable si el niño sabe que es un hecho temporal y necesario. Es importante que los padres mantengan el contacto a pesar de la distancia. A veces a estos niños se les avisa del viaje de un día para otro, y esto no debería hacerse porque es peor para el proceso.

En ocasiones la reagrupación se convierte en un fantasma lleno de deseos que no se consiguen.

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Este proceso comporta una serie de pérdidas: pérdida de la lengua materna, grupos de amigos, pérdida del status social, riesgos psíquicos, etc. Esto desemboca en un proceso de duelo, en el que los niños cuentan con menos recursos para afrontarlo.

El duelo sería el proceso de reorganización de la personalidad que tiene lugar cuando se pierde algo significativo.

“Para mí, fue un punto de inflexión que cambió mi vida”.

Cuando se produce el reencuentro no se llena el vacío que ha quedado, ya que durante ese periodo tanto el niño como la madre han cambiado, y pueda dar lugar a conflictos. En ocasiones, se convierten en desconocidos. Por lo que renovar este vínculo no resulta nada fácil, es un proceso que requiere tiempo.

Se produce un conflicto entre la realidad ideal y la realidad en la que se encuentran (situaciones socioeconómicas malas, cuidadores de hermanos pequeños, bullying, etc.). A todo esto hay que añadir que pueden vivir situaciones de riesgo de exclusión social, así que son más problemas sumados a los que ya tenían.

¿Qué podemos hacer a través de grupos de iguales (adolescentes, madres, etc.)?

  • Ofrecer un espacio donde elaborar estos duelos.
  • Desarrollar su resiliencia.
  • Empoderar para favorecer la inclusión y la diversidad.
  • Atender sus necesidades y asesorar en los recursos existentes.
  • Cambiar la actitud negativa hacia estos mediante la participación en actividades comunitarias.
  • Motivar para continuar con sus estudios y aumentar la inserción laboral.

Facilitar un lugar en el que tengan oportunidades para conseguir el FUTURO que todos estos años han estado imaginando.

 

 

 

 

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